miércoles, 30 de julio de 2008

Hasta el fondo



De la crisis económica internacional que vivimos surge esta reflexión en torno a la forma en que deberíamos de afrontar las dificultades. Corregir un problema es, en todas las circunstancias, mucho más complejo que limpiar sus efectos o superficialidades. Uno puede, por ejemplo, actuar sobre el precio de los alimentos, rebajarlos, pero entoces el problema estallará por otro lugar distinto en forma de huelga (por unos precios insostenibles) o llevando a la quiebra al estado si es este el que tiene que hacerse cargo de la diferencia. Por otro lado, estaríamos errando seriamente si tratásemos de corregir la anorexia en una persona tratándola exclusivamente en el sentido de corregir una repulsa hacia los alimentos.

Hay que tener habilidad para reaccionar contra los efectos que originan las "irracionalidades" del mundo; pero mucha más hay que tener para llegar al origen del problema y muchísima más para preveerlo y así no tener que hallar solución alguna. El no aprender a mirar más allá del simple efecto facial de las cosas es en todo caso un defecto serio. Volviendo al ejemplo, una persona anoréxica jamás reconocerá que se ve gorda y sólo manifestará que no come porque no tiene hambre o porque no le gusta la comida. Mucho más allá de esa afirmación quizá solo sienta insatisfacción porque todo su problema surge de un comentario o de una insignificancia que ha desembocado en algo serio. Llegar al fondo de la cuestión supone tomarse la molestia de preocuparse por esa persona y poner los medios necesarios. Del mismo modo hay que entender que al igual que los problemas son algo que va gestándose poco a poco, las soluciones tampoco son algo inmediato sino que requieren de un periodo de tiempo similar.

Para resolver un problema, por tanto, hay que identificar las conductas e ideas "irracionales" que han dado origen al mismo y erradicarlas; hay que, como comunmente se dice, "llegar a la raiz del problema". Si toda esta crisis económica la ha originado la escalada de precios del petróleo, debo identificar por qué motivo se ha producido esta circunstancia y erradicarlo. De nada sirve (si queremos volver al estado anterior de las cosas) actuar sobre los efectos a no ser que constituyan en sí mismos un riesgo muy severo. Está claro que no vamos a esperar a solucionar el problema para que la persona anoréxica coma algo (porque quizá muera) pero no podemos dejar de poner énfasis en la verdadera causa de esta situación (que no es la falta de ingesta en sí misma). Así mismo hubiera sido deseable haber detectado el problema en su estado más inicial posible, cuando aún las conductas "irracionales" no están lo suficientemente asentadas o aún mejor haber identificado la idea (por parte del individuo), haber previsto el problema y haberla desechado. Como ocurre con la mayoría de las personas (que deseamos estar delgados, esbeltos,..) normalmente esta idea de dejar de comer es rechazada en pos de una conducta racional (dietas, ejercicio,..).

Las ideas irracionales son el origen de muchos de los procesos "criticos" o de crisis. Se inician con una conducta o una idea insostenible cuyos efectos desembocan en la fatalidad. Que duda cabe que si no se hubiese actuado sobre la causa de la crisis se habría llegado al hundimiento de todo el sistema; ya no sería válido para asegurar alimento y servicios a las personas. No son problemas que surgen de forma inesperada o accidental, son conductas que se perpetúan con el tiempo, que se asientan y para resolverlos de manera completa es necesario llegar hasta el fondo.

viernes, 20 de junio de 2008

El mejor de los mundos


Esta afirmación fue enunciada y justificada por Leibniz. Uno puede estar tentado a pensar que el idealismo más puro rechaza la imperfección que supone el mundo en sí y la manera que tenemos de conocerlo a través de los sentidos. En Leibniz esta perspectiva se da de buces con esta afirmación. La "imperfección" forma parte de la "perfección" porque sin la primera no existiría la segunda. A modo de ejemplo: para experimentar el placer que supone beberse un vaso de agua antes ha de haberse sentido sed. Esta idea no deja de resultar paradójica porque, claro está, la sensación más placentera de satisfacción procede de la mayor de las necesidades.

Cuando el hombre trata de reducir el mundo a lo simple o a lo genial, se estrella en la complejidad que el mundo en sí le devuelve. Esta es la base de la "crítica de la razón pura" de Kant. El hombre no es capaz de explicar el mundo únicamente a través de la razón; necesita la experiencia. Esta dicotomía es, desde mi punto de vista, una aportación fundamental de su filosofía.

La cuestión de los grandes filósofos no es, a mi gusto, interpretar la veracidad de sus trabajos sino comprender sus repercusiones. Platón, Kant, Locke, Rousseau o Nietszche tienen mucho en común. Partiendo de la metafísica alcanzar una visión del mundo que les permite obtener una visión del hombre, que a su vez induce una visión de como éste debiera vivir. Por ejemplo: si consiguiésemos demostrar que dios existe, de esa ida metafísica surgirían entonces otros hilos de pensamiento (como los de San Agustín) que darían lugar a una explicación del mundo (creacionista) y que a su vez induciría una forma de vida (católica). Ésta es la clave y de hecho el gran problema es que los seres humanos no estamos de acuerdo en cuanto a cuál es la metafísica del mundo. El principio es importante y de él Leibniz extrajo uno de los argumentos que utilizó para tratar de demostrar la existencia de Dios (argumento de la causa primera). Todas estas grandes fuentes de pensamiento influyeron en su tiempo de forma muy significativa (hasta el punto que llega a afirmarse que el holocausto, por ejemplo, se sustenta en la filosofía de Nietszche)

¿Cual es la verdad? Esta es la eterna pregunta. Si asumimos que nadie la puede conocer debemos extraer el debate metáfisico a la hora de formarnos una idea del hombre. ¿Por qué estamos aquí? parece una pregunta demasiado importante como para responderla a la primera. ¿Dios nos creo?, ¿somos fruto del azar?, ¿somos sombras en una caverna?, ¿agrupaciones de mónadas?,... Asumamos, como dice Kant, que a falta de experiéncia no podemos alcanzar conclusiones por medio de la razón. Por tanto sólo cabe una realidad razonable: estamos aqui (pienso luego existo, somos sombras, mónadas,...), hay más como nosotros, convivimos, hay necesidades, surgen conflictos y situaciones que afrontar. Sigamos indagando en nuestro origen por si algún día descubrimos que realmente deberíamos matarnos unos a otros para dar sentido a nuestra existencia; pero hoy por hoy la experiencia dice que la cooperación, la toleráncia y la solidaridad son las posturas más razonables. En este sino, por desgracia y en contra de lo que al ser humano más le gusta (la universalidad), debemos admitir que ninguna aseveración es correcta si no va acompañada de la experiencia (de verificar que ello cumple con lo que percibimos). Por este motivo el hombre debe renovar constantemente su criterio mediante el diálogo, la razón y la experiencia.

El mejor de los mundos no creo que justifique el dolor como medio para experimentar el placer que supone no sentir dolor. Tampoco lo imagino bajo la sombra de un ser omnipotente, ni justificado por ideologías basadas en lo absoluto o en lo intangible. Cuando uno tiene hambre no quiere escuchar promesas de futuro ni explicaciones, desea algo que llevarse a la boca. Ésta es la gran imperfección del hombre. Asume que la visión que tiene del mundo es la correcta aun a pesar de que constantemente el mundo le devuelve claros mensajes diciendo "¿desde cuando son así las cosas?". Por esto, no hay que a decantarse hacia ninguna postura política, ideológica o filosófica que no respalde (o tenga como objetivo corresponder) con la experiencia sus afirmaciones. La afirmación "solo han de preocuparnos nuestros asuntos" debe ir respaldada por la circunstancia de que obrar de esa manera me resulte, efectivamanete, más ventajoso que interesarme tambien por los problemas de los demás. Si no es esí como ocurren las cosas, lo que deberíamos plantearnos es que esa idea es en realidad incorrecta en lugar de tratar de imponer a la realidad del mundo el corresponder con nuestras ideas.

Esta es, sin duda, una visión muy práctica de la vida. Hemos de admitir no buscar la universalidad, desechar la idea de asumir una metafísica del mundo en la que no podemos confiar; sobre la que no podemos basar nuestros pensamientos, normas o estilo de vida. No podemos hacer una valoración de las mónadas, la caverna de Platón, la existencia de Dios... porque como concluye Wittgenstein: "De lo que no se puede hablar, hay que callar" y puesto que no se puede hablar de ello, dejemos de poner esas ideas como justificación de nuestros pensamientos o nuestros actos.

martes, 17 de junio de 2008

Sexo, emocionalidad y necesidad

Desde un punto de vista puramente racional, el ser humano ha optado por habitar en sociedades basadas en normas que las regulan. Desde el punto de vista emocional las "normas" o las "directrices" por las que se rige el ser humano no parecen tan claras, definidas ni generalizadas. La psicología ha tratado desde sus inicios de identificar cuáles son (emocional o interiormente hablando) las cosas que nos motivan. Para Freud puramente esta motivación procedia del instinto sexual; todo se reduce al sexo, al deseo carnal. No es dificil interpretar esta visión de la psicología cuando uno se percata de que en la época de Freud, el sexo era algo encuadrado dentro del matrimonio. Se trataba pues de una época puramente emocional; las sensaciones "fuertes" provenían de las miradas furtivas, las cartas de amor, una flor, un simple beso en la mejilla y en definitiva de cosas de las que hoy nos causarían más risa que emoción. El sexo fuera de todo esto era un tabú, algo de lo que no se hablaba, que uno deseaba pero que solo podía imaginar, algo que hace que resulte lógico el hecho de que Freud pensase que todos nuestros pensamientos inconscientes se refieren a él.

Fuera del mecanismo que llevó al padre de la psicología moderna a pensar lo que pensaba, debemos quedarnos con la abstracción que supone el hecho ver el problema desde fuera y con cierta perspectiva. Hoy la situación es la contraria: el sexo es algo accesible desde una edad bien temprana, sin embargo estamos exentos (en algunos casos) de emocionalidad. Es lógico por tanto que autores como Cóleman afirmen que en el terreno psicológico la cuestión de fondo (en vez del sexo) es una cuestión emocional. Yo definitivamente no creo que esa sea la respuesta. Coleman basa sus conclusiones en diversos estudios (al igual que Freud) pero si bien no creo que sirvan para ir más allá que para decir que en nuestro tiempo hay una carencia de emocionalidad y que las personas que están emocionalmente más definidas tienen mayor exíto personal y social. De la misma manera podría Freud afirmar que quien posee una vida sexual satisfactoria es una persona más plena. El hecho de que acierte con un diagnóstico generalizado en la actualidad (al igual que Freud en el suyo), no quita que esa idea vaya a ser siempre válida.

El transfondo de la cuestión es a mi juicio el que propuso Maslow. Lo que mueve al ser humano es la necesidad, la dependencia. En este sentido quizá Freud estuvo más acertado. Las necesidades enfocan nuestros objetivos; desde las más primarias (comer, respirar, el sexo,...) hasta las más complejas (la aceptación social, la emocionalidad,...) según estas se van satisfaciendo por el orden de importancia que cada cual les da (en este punto difiero de su pensamiento pues creo que el ser humano es capaz de modificar la importancia relativa que otorga a sus necesidades). Inteligencia emocional es a mi gusto un término excesivamente idealizado (al igual que afirmar que todo en el hombre se reduce al sexo). Creo que el ser humano, al igual que los animales, persigue la satisfacción de sus necesidades (algunas innatas y otras creadas por él mismo), metas que sin duda alcanzan aquellos que, en todos los sentidos, están mejor preparados.

martes, 10 de junio de 2008

¿Participar o mirar?


La crítica es un producto del conocimiento. Es en numerosas ocasiones fruto de nuestra opinión más que de la evidencia; pero también esa opinión está en cierto modo basada en la experiencia. Por esto, en general, la crítica es constructiva en todo caso ya que sirve para poner de manifiesto facetas de un mismo tema que quizá no se hubieran percibido de otra manera. Si uno tiene una idea pero no la expone al criterio de los demás por miedo a la crítica, la idea muere y pierde todo su valor. Aun los pensamientos equivocados dan pie a otras personas a buscar explicaciones o a modificarlas para dar forma a grandes cosas.

Participar solo reviste un "inconveniente": la curiosidad, la avidez de conocimiento. Uno debe desear saber del mundo, entender como funciona el mundo. Muchos deseamos el fin de la crisis económica, por ejemplo, pero ¿cuántos conocemos o podemos aportar alguna medida para hacerle frente? Solo podemos mirar (o quejarnos). Ese es el peligro que reviste el desconocimiento y es que uno es manipulado porque, a falta de criterio propio, solo puede decidir si confía o no en la opinión de aquellos que sí tienen conocimientos en torno al tema. Si uno no puede participar en un tema que considera importante debería indagar en él, formarse un criterio propio y tratar de ver el problema con otra perspectiva que la de pensar que tarde o temprano todo vuelve a la normalidad porque a veces eso no ocurre.

Mirar no sirve en muchos casos y muchos aspectos. Uno puede postergarlo pero a todos nos llega el momento de "entrar al trapo", de enfrentarnos (desde dentro) a situaciones que nos son desconocidas, situaciones para las que no nos hemos forjado un criterio. Entonces nos convertimos en espectadores de nuestra propia vida y tratamos de obtener opiniones para superar nuestras propias crisis. En esos casos, muchas veces, la decisión final no proviene de nosotros mismos, no hemos llegado a entender nuestros propios problemas.

Poder participar, poder arrojar opiniones propias es un síntoma de salud personal y social, que va más allá de la libertad de expresión (digo esto porque no sirve de nada ser libre para expresarse si no se tiene ninguna opinión que verter). El mundo y las personas necestitamos nuevas opiniones para dar solución a los problemas que padecemos. El mundo, la sociedad, las familia y nosotros mismos necesitamos conozcer a fondo nuestros problemas, conocer cuales son sus causas y ser capaces de opinar en torno a cuáles deben sus soluciones.

Sin duda participar.

martes, 27 de mayo de 2008

¡No me mientas!


Dando vueltas en torno a aquello en lo que nos hemos convertido descubrimos la educación recibida por nuestros padres, las limitaciones "morales" o los tabues que nos impone la sociedad en la que vivimos; pero sobretodo descubrimos nuestra propia aportación para con nosotros mismos.

Este proceso de formación de nuestra forma de percibir el mundo, nuestra sociedad o nuestras creencias, necesita desde sus inicios alimentarse con la verdad, con la más estricta objetividad. Muchos de los problemas, de tantas índoles distintas, que azotan nuestro mundo hoy en día provienen de una educación en la mentira. Alimentar la sana curiosidad de los niños con falsedades tarde o temprano les llevará a la circunstancia de comprobar que aquello que han aprendido no se corresponde con la realidad.

El perjucio de esta circunstancia es innegable. La mentira les merma e incluso perjudica su capacidad de enfrentarse a la realidad, no ya porque sencillamente la desconozcan sino porque además la información que poseen de ella es falsa. Si uno siente que hay algo en sus circunstancias que no va bien quisiera saber de qué se trata para poder asumirlo y/o ponerle remedio en la medida de sus posibilidades; de ninguna manera desearía poseer una información errónea y azotar con palos de ciego a algo que nunca va a ayudar a mejorar las cosas.

La educación en la mentira abre también un proceso de perpetuación porque, a pesar de que uno maneja informaciones falsas, hay personas o colectivos que se obcecan en ellas y no desean de ninguna manera asumir la verdad. De esta manera surge la manipulación y el engaño en sociedades y culturas endogámicas que rechazam sistemáticamente cualquier aseveración que no proceda de ellas mismas. Los niños en estas culturas aprenden mentiras que son compartidas por sus padres y en las que ellos también creen porque a su vez fueron educados en ellas. La perpetuación en la falsedad abre sin duda un peligroso proceso de declive social, porque en ausencia de la verdad la sociedad no es capaz de solucionar las circunstancias adversas de manera efectiva. Solamente es capaz de dar palos de ciego en torno a cosas que, inexplicablemente para ellos, no provocan ningun efecto favorable.

Como conclusión diría que debemos desear conocer la verdad, por dura o cruel que sea, como un principio para hallar soluciones efectivas a los problemas de nuestro tiempo. Mas allá debemos aprender a ofrecer la verdad a nuestros hijos para que tengan sólidas herramientas sobre las que formarse como personas y abordar sus propios problemas. Educar en la verdad no da lugar a controversia sino a una cultura y un conocimiento bien asentado que dota a la persona de un cierto "control" de sí misma y las circunstancias que la rodean.

viernes, 23 de mayo de 2008

Reflexiones en torno a la muerte

Vivimos en una sociedad en la que lo negativo tiende a cubrirse con una manta, tiende a suavizarse. Vivimos en una sociedad, en la que la muerte y las desgracias son vistas como algo que no suele ocurrir delante de nuestras narices, sino a muchos kilómetros de distancia u ocurre pero de forma ocasional. No tenemos que matar directamente para llevarnos un chuletón a la boca, pero sin embargo sentimos cierta lástima, e incluso rabia, por la manera en que el león acaba sin remordimientos con la gacela de apenas unos días de vida.

No estamos acostumbrados a la desgracia a pesar de que, en algunos casos, somos causantes indirectos de que ocurra. Vivimos en una burbuja de "bienestar" que nos aleja de esa visión global de la vida con un principio y un final y que, en muchos casos, nos empuja a seguir un planteamiento equivocado.

La muerte es algo que esporádicamente salpica a algunas personas y altera nuestro entorno pero no "demasiado significativamente". Resulta, a muchos ojos, más un proceso azaroso que algo inevitable; la muerte es para muchos una especie de lotería que cuando te toca pues ahí vas. Olvidamos que la conciencia de que nuestro tiempo es limitado, nos empuja a asumir un plan de vida, a economizar el transcurso de los días y a hallar instantes para que tengan cabida el mayor número de cosas posible.

Pero reflexionar en torno a la muerte nos invita, sobretodo, a ser críticos, a tratar de elegir bien desde el principio; pues nadie quisiera ver que llega el final de sus días habiendo vivido de forma equivocada. Involucrarse en la realidad del ser humano es una manera de seguir manteniendo viva esa conciencia de sentir que uno está haciendo las cosas bien. Vivir en la creencia que aun queda mucho tiempo para alcanzar ese momento, no va a impedir que los dias de inconsecuencia pasen en balde, insulsos, sin disfrute y sin futuro. La muerte debe afrontarse en la vida, no como un truncamiento en nuestra existencia sino como el culmen de nuestros actos. Ni un paso atrás en mi carrera, cada día he de aspirar a ser un poco más de lo que ayer era...

miércoles, 14 de mayo de 2008

¡Ponganse a salvo!


Las obras de arte que se exponen en las grandes pinacotecas de todo el mundo son objetos de culto, pero no son objetos de verdadero deleite artístico. No pueden serlo, porque como media un visitante del museo pasa delante de cada obra una media de 1'7 segundos. Además, en los grandes museos como el Louvre, lienzos como la Monalisa se convierten en iconos que eclipsan a las inumerables obras maestras que se exhiben en él.

No, el arte en los museos escapa de su contexto, y está tan condensado que es como si uno tratase de escuchar cien obras maestras de la música clásica a la vez. Uno acaba tan saturado que termina por perder el gusto y el sentido por lo que observa sin que realmente nada llegue a tocarle verdaderamente.

Un cuadro de Felipe IV de Velazquez, puede admirarse, puede valorarse, pero alcanza todo su sentido colgando del lugar para el que fue creado: las estancias de un palacio. De la misma manera un cuadro religioso, una escultura clásica y todas las obras que se muestran, se tornan en el museo meros objetos históricos pero no verdadero arte. El arte crea otras sensaciones otros sentimientos.

Como un león enjaulado que sólo luce su apariencia, que no transmite el pavor que uno experimentaría si se encontrara con el de frente en mitad de la savanna; así es todo lo artificial que genera el ser humano. Todo vano, todo en lata, entre unos muros, encerrado en un cd, en el ordeador,...: la pintura, la danza, la música clásica,... cuando el verdadero despertar de los sentidos, la verdadera aventura se produce al embeberse y sumergirse y enfrentarse en carne y hueso a la cultura, a la naturaleza, a la realidad,... ¡Ponganse a salvo!