lunes, 24 de febrero de 2014

La realidad de mi sueño (o mi sueño en realidad)




"Había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola. Igual que el de mis sueños, el mismo que, estando despierto, tantas veces imaginé tocar. La suerte, a la que tanto había visto sonreír a otros, al fin se fijaba en mí regalándome aquello con lo que hacer realidad mis mas profundos deseos. Fue entonces que vi desplegarse ante mi toda una vida de música, esfuerzo, práctica y sacrificio; de mil horas en compañía de aquel instrumento que tanto he amado. Y fue de tal suerte que aquella misma tarde lo vendí. Si bien, aún hoy anhelo y proclamo que siempre hubo sido mi sueño aprender a tocarlo."

Presenté este relato al concurso de "cortos en cadena"de la cadena Ser. No fue seleccionado, sin embargo, creo que la historia que me inspiró el fragmento del ganador de la semana anterior merece, al menos, ser compartida.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Liberate! (o la absurda lógica de lo absoluto)


"El verdadero problema del mundo es que los necios y fanáticos están siempre muy seguros de si mismos, y los sabios demasiado llenos de dudas..." (B. Russell)

... Pero el hombre busca incansablemente la seguridad, lo absoluto. Lo necesita para sentir que no ha desperdiciado su vida con banalidades, sentir que ha servido a una causa que se perpetúa en el tiempo...

Podemos ahora tratar de identificar qué existe desde el origen de la humanidad, tratar de descubrir aquellas cosas que verdaderamente han perdurado en el tiempo... ¿Quizás el fascismo?, ¿el dinero?, ¿quizás las tradiciones? Si analizamos sólo un poco la historia veremos que ni los regimenes políticos, ni las ideologias, ni religiones, ni formas de comercio, ni tradiciones, ni idiomas, ni formas de cultura,... han perdurado en el tiempo. ¿Nada ha sobrevivido entonces? ¿no hay nada a lo que merezca la pena dedicarse? ¿No hay nada "absoluto"?

Bueno, pensando un poco más no siempre ha existido el fascismo, pero sí la necesidad de convivir con el resto. No siempre ha habido dinero, pero siempre ha habido hambre, sed, frio,... No siempre han existido las mismas lenguas ni tradiciones, pero sí la necesidad de comunicarse, de expresarse...

Parece pues que la busqueda de lo absoluto solo sirve para anteponer el medio a la necesidad; incluso cuando el medio ya no sirve para satisfacerla... Este es el verdadero problema del fanatismo.

Hemos olvidado que lo que realmente ha existido desde los principios de la humanidad han sido las personas y sus necesidades. Por ello debemos buscar en cada momento cuál es la mejor forma de satisfacerlas y no obcecarnos con aquellas cosas que entorpecen nuestra felicidad.

Libérense!

jueves, 23 de agosto de 2012

Volver a empezar (o el pensamiento creativo)


Hace algún tiempo que la situación actual ha mermado nuestra autoestima. La crisis nos ha apagado y deambulamos por ahí como zombis esperando que alguien toque la tecla que haga que todo vuelva a ser como era antes... Hoy, mas que nunca, tenemos miedo al fracaso, a endeudarnos de por vida, a caer en una espiral de pobreza y decadencia...

Todo el problema radica en que, aun hoy, después de ya pasados algunos años de cierta penuria, nos resistimos a darnos cuenta de que difícilmente, a corto plazo las cosas van a volver a ser como eran antes, a ser conscientes de que tenemos que volver a empezar...

Este nuevo principio no debe sustentarse, de nuevo, en aquellas cosas que nos han echo fracasar. Tenemos que renacer con un nuevo espíritu creativo, siendo conscientes de que las oportunidades surgen de las necesidades de la gente, y hoy hay mucha gente que tiene nuevas y profundas necesidades y problemas que solventar... Quizás es tiempo de actuar y dejar de esperar. Hay mucha gente con ideas que puede ayudar a muchos otros. Podemos comenzar hablando de ello; podemos continuar intentando ponerlo en práctica...

martes, 6 de diciembre de 2011

Hemos fracasado



Hace tiempo que tengo las mismas ideas pululando en mi cabeza. Ideas emprendedoras, inconformistas, imágenes deseosas de materializarse, de salir de ahí arriba al examen del mundo; a ser minuciosamente destripadas por la devastadora maquinaria de la realidad.

Estamos asustados porque, pensando en el cuento de la lechera, nos vemos tirados en el suelo contemplando como del cántaro roto todo se desparrama y se pierde. Porque ahora, hemos visto (y vemos con frecuencia) como en el camino otros lloran frente al cántaro vacío y sufren por ello los azotes de la vida y ante esta imagen sentimos temor.

Hemos fracasado pero no por haber roto el cántaro, sino porque no hemos enterrado la creencia de que “podemos hipotecarnos hoy por lo que esperamos conseguir mañana”.

jueves, 28 de julio de 2011

¿Deberían gustarme las fresas?


"... Supongamos que a una persona le gustan las fresas y a otra no; ¿en qué sentido es superior la segunda? No existe ninguna prueba abstracta e impersonal de que las fresas sean buenas ni de que sean malas. Para el que le gustan, son buenas; para el que no le gustan, no lo son. Pero el hombre al que le gustan las fresas tiene un placer que el otro no tiene; en este aspecto, su vida es más agradable y está mejor adaptado al mundo en que ambos deben vivir..." (Extracto de "La conquista de la felicidad" de Bertrand Russell)

No qiero significar con este fragmento que uno deba forzar a que le gusten las fresas para estar mejor adaptado. De hecho no creo que la felicidad vaya en el sentido de negar nuestra propia naturaleza. Opino sin embargo que este fragmento gira en torno a erradicar la subjetividad de nuestros gustos y pensamientos.

La idea de la subjetividad, sobretodo a la hora de decidir aquello que es o no es de nuestro agrado, resulta con frecuencia en una conversación estéril. Esto es, en gran medida, porque no somos capaces de explicar de forma plausible (o convincente para los demás) porqué nos hacen felices aquellas cosas que nos gustan. Construyamos, pues, esta última frase al revés: "Aquello que me gusta me hace feliz (y me hace estar mejor adaptado al mundo que me rodea)".

viernes, 10 de septiembre de 2010

¿Podrá la religión curar nuestros males?



Si alguien me formulase esta misma pregunta y me encontrase en la tesitura de tener que contestarla, sin duda comenzaría con la anécdota del clérigo se asía al campanario de su iglesia durante un diluvio rogando a Dios por un milagro que lo salvara de morir ahogado. Cuando el agua le llegaba por las rodillas llegó la lancha de salvamento pero se negó a subir porque estaba seguro de que Dios obraría el milagro. Con el nivel del agua por la cintura llegó el helicóptero pero lo rechazó porque estaba convencido de que el milagro estaba cerca. Ya con el agua al cuello apareció un tronco pero no subió porque se obcecó en que realmente el milagro era algo inminente. Tras morir ahogado subió al cielo y se encontró con Dios. Allí le recriminó por no haber obrado el milagro que tan fervientemente le había pedido. ¿No te envié una lancha, un helicóptero y hasta un tronco? Le respondió.

El gran problema de las religiones es que, como hemos comentado en otras ocasiones, atribuyen a gestos triviales la consecución de la virtuosidad. Esto es: Alguien que va a misa todos los domingos podría considerarse virtuoso aunque en su vida no haya tenido ni un solo gesto amable hacia sus semejantes. El pastor norteamericano que pretende quemar el Coran, por ejemplo, seguirá siendo considerado un virtuoso por muchos aun a pesar de poner en riesgo la seguridad de otros con su gesto. Es el mismo sinsentido que lleva a un extremista a matar a otros inmolándose, considerando su horrible gesto como algo honroso.

En este instante de la disertación es donde entra en juego la anécdota que les relataba al principio. Y es que ¿cómo se puede pretender que la trivialidad cure nuestros males? ¿No sería necesario que comenzásemos a ver la vida de una forma más sensata?

¿Creemos verdaderamente que cuando se presenta una oportunidad, por pequeña que sea, de salir de esta espiral de violencia y sinsentido, ese es el milagro esperado; o debemos seguir creyendo en la trivialidad como forma de resolver los problemas de nuestro tiempo?. Suena obvio así expresado pero son muchos los que consideran que realmente el clérigo era alguien virtuoso...

Quemar el Coran no va a ayudar en nada a resolver los problemas; inmolarse tampoco. ¿Seremos capaces de aceptar el milagro de haber descubierto estas grandes verdades y soltarnos del campanario antes de que el agua nos llegue al cuello, o nos impedirá nuestra fé en lo trivial actuar de manera sensata?

jueves, 19 de agosto de 2010

Identidad y odisea


"Todo depende del cristal con que se mira"; eso asegura célebre cita. Nuestra ideología y circunstancias condicionan nuestro punto de vista. Y digo bien: “LO CONDICIONAN”.

Es asumible, por tanto, que nuestra perspectiva se aleja de la objetividad cuanto más cercanos somos a aquello que se está cuestionando. Así, por ejemplo, un torero nunca se opondría a la tauromaquia, de la misma manera que un defensor de los animales sería incapaz de apoyarla.

Alguien que no fuese afín a ninguna de las dos posturas percibiría que, por una parte, la tauromaquia puede ser considerada una forma de arte, de cultura y que, por otro lado, también posee una cierta dosis de crueldad. Por este motivo una visión salomónica del asunto animaría a seguir con la fiesta pero sin infligir daño al animal; algo que sin duda equivaldría a que el torero corriese mucho más riesgo de resultar herido.

No creo que esa fuese la solución del problema pero, sin duda, tampoco creo en la prohibición como forma de resolver el conflicto. La educación es, como siempre, mejor que la norma, pues uno actúa desde el convencimiento y no desde la imposición (además de la agitación social que genera). Si todos fuésemos educados, no haría falta prohibir orinar en la via pública, aparcar en lugares de paso, etc.. sería un comportamiento natural y espontáneo. Es necesario recurrir a la norma cuando se carece por completo de ese civismo natural. Cuando el problema en cuestión es algo arraigado o cultural, la prohibición es aún más traumática. Fumar, por ejemplo, es malo; pero prohibir HOY vender tabaco, pasar a llamarlo "droga" y "criminalizar" a los fumadores es una medida desmesurada y fuera de lugar. Es preferible reeducar a las personas e ir progresivamente poniendo trabas a esa conducta perjudicial.

Las culturas evolucionan y se manifiestan de manera distinta con el paso del tiempo. Si sabemos reconducirlos lograremos ser más ecuánimes y conservar todos los distintos aspectos que conforman nuestra historia, cultura e identidad.