La maternidad puede ser muchas cosas y entre todas ellas lo que, en mi opinión, realmente debería ser es deseada e irrevocable; sobre todo para garantizar que ese nuevo ser humano que viene al mundo va a sentirse querido, cuidado y amado. Si bien no todas las formas de conseguir un deseo son lícitas (no es a todas luces lícito por ejemplo robar un bebe), sí que me parece lícito que otras personas nos ayuden a cumplir ese deseo. Más que nada porque ese siempre es el caso cuando uno quiere ser madre o padre puesto que uno no puede serlo por sí mismo (asexualmente) y siempre necesita la ayuda, la otra pieza (un óvulo o un espermatozoide) de otra persona para completar el puzle. Que este sea el caso más común no debería privar de la posibilidad de cumplir el deseo de completar el puzle a aquellas personas a quienes les faltan algunas piezas más pero que igualmente otras personas están dispuestas a regalarle.
viernes, 31 de marzo de 2023
La maternidad no es un derecho
Pero a día de hoy sí puede ser un accidente, indeseada, forzosa. Puede ser lo que toca por la edad, puede ser ahora o nunca. La maternidad no es un derecho pero ¿qué es entonces? Puede ser también un enorme anhelo de ver cumplido ese sueño aunque uno no pueda lograrlo por sus propios medios.
martes, 8 de marzo de 2022
Hay que hacer algo.
No puedo mirar para otro lado. Me cuesta pensar en otra cosa que no sea en Ucrania y los ucranianos. Nos pasa a muchos. Sentimos que algo importante se ha roto; que se nos ha caído una venda de los ojos y aunque no queríamos creerlo, ahora podemos ver con claridad que seguimos siendo los mismos hombres. ¿Alguien se esperaba otra cosa?
Las leyes y tratados internacionales que creíamos vigentes no son hoy sino para Putin papel mojado, una utopía; esbozos de una realidad que no existe, que nunca ha existido. Porque, por mucho que tratemos de convencerle y de forzar a que las cosas fluyan de una manera distinta, lo cierto es que en el mundo, tal y como él lo concibe, sólo rige una norma: la selección natural de Darwin.
Y no le falta razón, en última instancia todas las naciones, grupos sociales e individuos dentro de las mismas competimos por consolidar y mejorar nuestra posición, maximizar nuestras oportunidades de supervivencia y las perspectivas de futuro de nuestros hijos. En ese sentido el fanatismo nacionalista de Putin no comparte la visión de los ucranianos y considera una amenaza el hecho de que estén completamente convencidos de que el modelo de las democracias europeas y su unión es la mejor forma de garantizar su futuro. Con su sacrificio, el pueblo de Ucrania nos han dado una lección a todos los que, creyendo lo mismo, nos hemos esforzado durante estos últimos años por justificar y promover nuestras diferencias y nos hemos dejado dividir debilitando nuestras convicciones y alimentando nuestros propios fanatismos (como el Brexit, los nacionalismos y los populismos).
Porque sí, la guerra que se libra en Ucrania es la de la convicción frente al fanatismo. Un fanatismo que sólo ataca cuando es el fuerte, frente a una convicción que planta cara aun siendo el débil. Un fanatismo que no tolera la apostasía, frente a una convicción que quiere abrazar la libertad de poder elegir ser lo que uno quiera. Putin es hoy para Ucrania como el niño que hace bulling, como el hombre que maltrata a su pareja, como el agresor homófobo, como un dictador que promueve la represión, como el terrorista que incita a poner bombas, como el pandillero que llama a ajustar cuentas con quien quiere abandonar la banda,… Afortunadamente para todos, a la mayoría de nosotros aun nuestras convicciones no nos permiten mirar esas cosas y simplemente dejar que sucedan. Hay que hacer algo.
viernes, 13 de noviembre de 2020
lunes, 14 de septiembre de 2020
viernes, 21 de febrero de 2020
¿Es bueno el amor romántico?
Cuanto más de lejos se percibe mejor. Y es que creo que la aproximación que resulta más plausible sobre este tema es aquella que lo analiza desde la distancia, desde el punto de vista de un naturalista que estudia al ser humano como si de un animal salvaje se tratara, como una bestia que lleva escrito en los genes sus más insondables instintos.
Pues sí, para responder a esta pregunta no recomendaría leer a Jane Austen o a Federico Moccia, les sugeriría sumergirse en “El gen egoísta” de Richard Dawkins pues, como seres vivos que somos, el homo sapiens también lleva impreso en sus genes las conductas que le proporcionan más posibilidades de éxito en la supervivencia, la reproducción y el porvenir de su descendencia. Si no fuera tal el caso, la selección natural se encargaría de extinguirnos por inadaptados.
Puede que quizás, a priori, no lo perciban así pero podemos si quieren mostrar un caso contrario al amor romántico muy particular pero muy ilustrativo y es el hecho de que la mayoría de los seres humanos sentimos un profundo rechazo a mantener relaciones sexuales con nuestros familiares más cercanos consanguíneamente. Aun cuando fuera del sexo contrario mantener relaciones con un padre o una hermana nos provoca una absoluta repugnancia. Este no es un aspecto cultural o educacional y, de hecho, no podemos explicar por qué si nos preguntan pero no lo haríamos, de ninguna manera nos prestaríamos a ello por voluntad propia. Hoy sabemos que la consanguineidad plantea problemas con la descendencia y que las distintas generaciones de individuos fruto de esas relaciones pueden padecer enfermedades congénitas y tener peor porvenir. Siendo así, ¿no es lógico pensar que la descendencia de las poblaciones humanas que son capaces de experimentar ese rechazo será más próspera y que esa debería ser, por tanto, una expresión genética generalizada en nuestra especie?
Llegando al punto que nos ocupa: ¿es posible entonces que el amor romántico sea también un producto de nuestra genética? De ser así ¿ha supuesto el amor romántico una ventaja adaptativa para supervivencia de nuestra especie a lo largo de nuestra historia? Personalmente y aunque resultaría mucho más complejo de explicar, así lo creo. Es no obstante un interesante tema de debate tratar de explicar el por qué…
Estoy de acuerdo en que, a pesar de que estuviéramos programados para sentirlo, otro asunto diferente es la gestión que hacemos de nuestras emociones. Así por ejemplo, está claro que sentir dolor es una ventaja adaptativa muy importante y que proporciona una valiosa información al individuo para la supervivencia, pero no todas las personas gestionan ni afrontan el dolor de la misma manera. Esto también resulta un tema muy interesante de debate…
En el futuro quien sabe si las conductas que tengan más éxito de supervivencia y reproductivo, que maximicen también las oportunidades y el porvenir de la descendencia pasarán por comportarnos sexualmente como los leones aunque, como hombre que soy, espero que nunca lleguen a ser como las de las mantis. En cualquier caso considero que estar en contra del amor romántico es tanto como atacar el hambre o la sed. Puede que no nos guste sentirlo pero nos proporciona una valiosa información sobre las conductas que podrían reportarnos mayor éxito en la vida aunque, por supuesto y al menos en la especie humana, siempre se termine imponiendo nuestra voluntad.
jueves, 5 de octubre de 2017
Lo único que puede separarnos
Siempre me he sentido orgulloso de la diversidad que hay en España porque, las diferencias culturales e incluso idiomáticas nunca hasta ahora habían sido un impedimento para que todos nos diéramos cuenta de que estábamos de acuerdo en lo esencial. Esta misma lógica que nos invita a la unión en torno a unos principios fundamentales independientemente de nuestras diferencias culturales es la que también me hace sentirme orgulloso de ser Europeo. Por esto, a pesar de los motivos que aludan unos y otros para justificarse, está claro que cuanto más solos y peleados estemos, cuanto menos nos centremos en la defensa de nuestros valores, más expuestos estaremos ante el infortunio y mayor probabilidad de que las cosas nos vayan mal.
Resulta evidente que los grandes retos que nos depara el futuro, la conquista del espacio, la cura del cáncer e incluso eventualmente la defensa de nuestros principios contra quienes no creen en ellos; todas esas cosas que nos quedan por hacer juntos para mejorar nuestras vidas y las de quienes nos rodean resultan inalcanzables si no somos capaces de ver más allá del flamenco y la sardana, del brioche y del bratwurst, del ingles y el castellano, si no somos capaces de entender que lo único que realmente puede separarnos es tener diferentes principios y valores porque, por el contrario, las diferencias culturales e incluso las ideológicas no pueden (ni deben) sino enriquecernos.
miércoles, 7 de enero de 2015
domingo, 21 de diciembre de 2014
¿Yo soy pavo o águila?
Cuando era alumno en la universidad un
profesor nos hizo esta misma pregunta. Lo cierto es que hasta ese
momento nunca antes me lo había planteado pero es verdad que desde
entonces esa misma cuestión me ha rondado la cabeza en numerosas
ocasiones y circunstancias de mi vida: ¿estoy siendo pavo o águila?
El interrogante no es nada fácil de
resolver porque realmente ¿que significa ser pavo o águila? Parece
que, en una primera aproximación, la cosa pasa por fijarse en cuáles
son los estilos de vida de una y otra ave. A mi por ejemplo se me
ocurre la siguiente comparación: El pavo no tiene que preocuparse ni
correr riesgos para conseguir una sustanciosa comida a diario porque
se la proporcionan. Por otro lado, el águila tiene que salir al
campo y exponerse a los peligros del mundo para conseguir un bocado
por sí misma.
La vida del pavo parece realmente una
vida muy apetecible ¿no es cierto? Sin embargo, la anterior
comparativa da lugar a muchas otras cuestiones porque por ejemplo:
para mantener el estatus quo el pavo depende de la mano que le da de
comer mientras que el águila no depende de nadie. Este es un punto
muy interesante porque ¿qué pasaría si de repente la persona que
alimenta al pavo dejara de ir? ¿Sería el pavo capaz de sobrevivir
sólo en el corral? Y Si decidiera saltar las vallas y salir al mundo
¿Estaría preparado para sobrevivir a los peligros que le rondarán
ahí afuera?
Además hay otra cuestión muy
interesante pues fíjense que las oportunidades del pavo se limitan a
la comida que cae en su corral. Si en su corral, por ejemplo, la
comida fuera asquerosa o incomible no tendría la oportunidad de
cambiar de vida a no ser que la mano que lo alimenta así lo
decidiera. El águila, por su parte, no tiene ese problema porque
puede moverse de un sitio a otro y buscar lugares donde pueda haber
mejores oportunidades de caza y mejores piezas (o no).
En un plano un poco más transcendental
se plantea otra comparativa muy, muy interesante porque ¿cuál es la
finalidad de una y otra vida? En el caso del pavo la cosa está muy
clara porque en esta vida nadie nos da nada gratis. Sin duda el pavo
va a terminar en el horno de aquel que lo está cebando. La vida del
pavo sirve pues únicamente a los intereses de aquel que lo está
alimentando. Pero ¿y la del águila? ¿cuál es la finalidad de la
vida del águila? Esta perspectiva es un poco más difícil de
alcanzar pero, sin duda alguna, la vida del águila sirve para
mantener el equilibrio del ecosistema en el que habita.
Visto lo anterior y aunque nunca es
nada fácil, a mi personalmente me agrada la sensación de pensar que
soy capaz de vivir como un águila en todos los aspectos de mi vida,
que no dependo de nadie (que yo no deseo) para vivir y tomar mis
propias decisiones, que mi vida contribuye a mantener el equilibrio
de las cosas y que mis oportunidades dependen de mis propias
habilidades y conocimientos. Y aunque esto no soy siempre capaz de
conseguirlo, si es cierto que desconfío de todos aquellos que
quieren hacerme vivir la vida del pavo. ¿Y ustedes?
jueves, 18 de diciembre de 2014
martes, 9 de diciembre de 2014
A cualquier precio
Y fíjense que cada cual tenemos
nuestras pasiones pero a nuestro amigo con una economía ajustada le
diríamos: “No te compres ese cochazo” y al otro que lleva
la pierna rota: “Deja la maratón para otro día”.
Quizá alguno de ustedes se sienta
identificado y estarán de acuerdo conmigo en que las pasiones son
importantes. Sin duda son y han sido el motor de muchos hitos extraordinarios en la historia de la humanidad. No obstante habrá quien
hoy por hoy diga: “ojala no me hubiera comprado ese coche...”
o “si no me hubiera obcecado correr la maratón...”. Porque
sobretodo uno debe entender cuál es la finalidad de su gesta y
seguir adelante solo si el fin se merece el más desafortunado de los desenlaces.
lunes, 24 de febrero de 2014
La realidad de mi sueño (o mi sueño en realidad)
"Había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola. Igual que el de mis sueños, el mismo que, estando despierto, tantas veces imaginé tocar. La suerte, a la que tanto había visto sonreír a otros, al fin se fijaba en mí regalándome aquello con lo que hacer realidad mis mas profundos deseos. Fue entonces que vi desplegarse ante mi toda una vida de música, esfuerzo, práctica y sacrificio; de mil horas en compañía de aquel instrumento que tanto he amado. Y fue de tal suerte que aquella misma tarde lo vendí. Si bien, aún hoy anhelo y proclamo que siempre hubo sido mi sueño aprender a tocarlo."
Presenté este relato al concurso de "cortos en cadena"de la cadena Ser. No fue seleccionado, sin embargo, creo que la historia que me inspiró el fragmento del ganador de la semana anterior merece, al menos, ser compartida.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Liberate! (o la absurda lógica de lo absoluto)
"El verdadero problema del mundo es que los necios y fanáticos están siempre muy seguros de si mismos, y los sabios demasiado llenos de dudas..." (B. Russell)
... Pero el hombre busca incansablemente la seguridad, lo absoluto. Lo necesita para sentir que no ha desperdiciado su vida con banalidades, sentir que ha servido a una causa que se perpetúa en el tiempo...
Podemos ahora tratar de identificar qué existe desde el origen de la humanidad, tratar de descubrir aquellas cosas que verdaderamente han perdurado en el tiempo... ¿Quizás el fascismo?, ¿el dinero?, ¿quizás las tradiciones? Si analizamos sólo un poco la historia veremos que ni los regimenes políticos, ni las ideologias, ni religiones, ni formas de comercio, ni tradiciones, ni idiomas, ni formas de cultura,... han perdurado en el tiempo. ¿Nada ha sobrevivido entonces? ¿no hay nada a lo que merezca la pena dedicarse? ¿No hay nada "absoluto"?
Bueno, pensando un poco más no siempre ha existido el fascismo, pero sí la necesidad de convivir con el resto. No siempre ha habido dinero, pero siempre ha habido hambre, sed, frio,... No siempre han existido las mismas lenguas ni tradiciones, pero sí la necesidad de comunicarse, de expresarse...
Parece pues que la busqueda de lo absoluto solo sirve para anteponer el medio a la necesidad; incluso cuando el medio ya no sirve para satisfacerla... Este es el verdadero problema del fanatismo.
Hemos olvidado que lo que realmente ha existido desde los principios de la humanidad han sido las personas y sus necesidades. Por ello debemos buscar en cada momento cuál es la mejor forma de satisfacerlas y no obcecarnos con aquellas cosas que entorpecen nuestra felicidad.
Libérense!
jueves, 23 de agosto de 2012
Volver a empezar (o el pensamiento creativo)
Hace algún tiempo que la situación
actual ha mermado nuestra autoestima. La crisis nos ha apagado y
deambulamos por ahí como zombis esperando que alguien toque la tecla
que haga que todo vuelva a ser como era antes... Hoy, mas que nunca,
tenemos miedo al fracaso, a endeudarnos de por vida, a caer en una
espiral de pobreza y decadencia...
Todo el problema radica en que, aun
hoy, después de ya pasados algunos años de cierta penuria, nos
resistimos a darnos cuenta de que difícilmente, a corto plazo las
cosas van a volver a ser como eran antes, a ser conscientes de que
tenemos que volver a empezar...
Este nuevo principio no debe
sustentarse, de nuevo, en aquellas cosas que nos han echo fracasar.
Tenemos que renacer con un nuevo espíritu creativo, siendo
conscientes de que las oportunidades surgen de las necesidades de la
gente, y hoy hay mucha gente que tiene nuevas y profundas necesidades
y problemas que solventar... Quizás es tiempo de actuar y dejar de
esperar. Hay mucha gente con ideas que puede ayudar a muchos otros.
Podemos comenzar hablando de ello; podemos continuar intentando
ponerlo en práctica...
martes, 6 de diciembre de 2011
Hemos fracasado

Hace tiempo que tengo las mismas ideas pululando en mi cabeza. Ideas emprendedoras, inconformistas, imágenes deseosas de materializarse, de salir de ahí arriba al examen del mundo; a ser minuciosamente destripadas por la devastadora maquinaria de la realidad.
Estamos asustados porque, pensando en el cuento de la lechera, nos vemos tirados en el suelo contemplando como del cántaro roto todo se desparrama y se pierde. Porque ahora, hemos visto (y vemos con frecuencia) como en el camino otros lloran frente al cántaro vacío y sufren por ello los azotes de la vida y ante esta imagen sentimos temor.
Hemos fracasado pero no por haber roto el cántaro, sino porque no hemos enterrado la creencia de que “podemos hipotecarnos hoy por lo que esperamos conseguir mañana”.
jueves, 28 de julio de 2011
¿Deberían gustarme las fresas?

"... Supongamos que a una persona le gustan las fresas y a otra no; ¿en qué sentido es superior la segunda? No existe ninguna prueba abstracta e impersonal de que las fresas sean buenas ni de que sean malas. Para el que le gustan, son buenas; para el que no le gustan, no lo son. Pero el hombre al que le gustan las fresas tiene un placer que el otro no tiene; en este aspecto, su vida es más agradable y está mejor adaptado al mundo en que ambos deben vivir..." (Extracto de "La conquista de la felicidad" de Bertrand Russell)
No qiero significar con este fragmento que uno deba forzar a que le gusten las fresas para estar mejor adaptado. De hecho no creo que la felicidad vaya en el sentido de negar nuestra propia naturaleza. Opino sin embargo que este fragmento gira en torno a erradicar la subjetividad de nuestros gustos y pensamientos.
La idea de la subjetividad, sobretodo a la hora de decidir aquello que es o no es de nuestro agrado, resulta con frecuencia en una conversación estéril. Esto es, en gran medida, porque no somos capaces de explicar de forma plausible (o convincente para los demás) porqué nos hacen felices aquellas cosas que nos gustan. Construyamos, pues, esta última frase al revés: "Aquello que me gusta me hace feliz (y me hace estar mejor adaptado al mundo que me rodea)".
viernes, 10 de septiembre de 2010
¿Podrá la religión curar nuestros males?

Si alguien me formulase esta misma pregunta y me encontrase en la tesitura de tener que contestarla, sin duda comenzaría con la anécdota del clérigo se asía al campanario de su iglesia durante un diluvio rogando a Dios por un milagro que lo salvara de morir ahogado. Cuando el agua le llegaba por las rodillas llegó la lancha de salvamento pero se negó a subir porque estaba seguro de que Dios obraría el milagro. Con el nivel del agua por la cintura llegó el helicóptero pero lo rechazó porque estaba convencido de que el milagro estaba cerca. Ya con el agua al cuello apareció un tronco pero no subió porque se obcecó en que realmente el milagro era algo inminente. Tras morir ahogado subió al cielo y se encontró con Dios. Allí le recriminó por no haber obrado el milagro que tan fervientemente le había pedido. ¿No te envié una lancha, un helicóptero y hasta un tronco? Le respondió.
El gran problema de las religiones es que, como hemos comentado en otras ocasiones, atribuyen a gestos triviales la consecución de la virtuosidad. Esto es: Alguien que va a misa todos los domingos podría considerarse virtuoso aunque en su vida no haya tenido ni un solo gesto amable hacia sus semejantes. El pastor norteamericano que pretende quemar el Coran, por ejemplo, seguirá siendo considerado un virtuoso por muchos aun a pesar de poner en riesgo la seguridad de otros con su gesto. Es el mismo sinsentido que lleva a un extremista a matar a otros inmolándose, considerando su horrible gesto como algo honroso.
En este instante de la disertación es donde entra en juego la anécdota que les relataba al principio. Y es que ¿cómo se puede pretender que la trivialidad cure nuestros males? ¿No sería necesario que comenzásemos a ver la vida de una forma más sensata?
¿Creemos verdaderamente que cuando se presenta una oportunidad, por pequeña que sea, de salir de esta espiral de violencia y sinsentido, ese es el milagro esperado; o debemos seguir creyendo en la trivialidad como forma de resolver los problemas de nuestro tiempo?. Suena obvio así expresado pero son muchos los que consideran que realmente el clérigo era alguien virtuoso...
Quemar el Coran no va a ayudar en nada a resolver los problemas; inmolarse tampoco. ¿Seremos capaces de aceptar el milagro de haber descubierto estas grandes verdades y soltarnos del campanario antes de que el agua nos llegue al cuello, o nos impedirá nuestra fé en lo trivial actuar de manera sensata?
jueves, 19 de agosto de 2010
Identidad y odisea

"Todo depende del cristal con que se mira"; eso asegura célebre cita. Nuestra ideología y circunstancias condicionan nuestro punto de vista. Y digo bien: “LO CONDICIONAN”.
Es asumible, por tanto, que nuestra perspectiva se aleja de la objetividad cuanto más cercanos somos a aquello que se está cuestionando. Así, por ejemplo, un torero nunca se opondría a la tauromaquia, de la misma manera que un defensor de los animales sería incapaz de apoyarla.
Alguien que no fuese afín a ninguna de las dos posturas percibiría que, por una parte, la tauromaquia puede ser considerada una forma de arte, de cultura y que, por otro lado, también posee una cierta dosis de crueldad. Por este motivo una visión salomónica del asunto animaría a seguir con la fiesta pero sin infligir daño al animal; algo que sin duda equivaldría a que el torero corriese mucho más riesgo de resultar herido.
No creo que esa fuese la solución del problema pero, sin duda, tampoco creo en la prohibición como forma de resolver el conflicto. La educación es, como siempre, mejor que la norma, pues uno actúa desde el convencimiento y no desde la imposición (además de la agitación social que genera). Si todos fuésemos educados, no haría falta prohibir orinar en la via pública, aparcar en lugares de paso, etc.. sería un comportamiento natural y espontáneo. Es necesario recurrir a la norma cuando se carece por completo de ese civismo natural. Cuando el problema en cuestión es algo arraigado o cultural, la prohibición es aún más traumática. Fumar, por ejemplo, es malo; pero prohibir HOY vender tabaco, pasar a llamarlo "droga" y "criminalizar" a los fumadores es una medida desmesurada y fuera de lugar. Es preferible reeducar a las personas e ir progresivamente poniendo trabas a esa conducta perjudicial.
Las culturas evolucionan y se manifiestan de manera distinta con el paso del tiempo. Si sabemos reconducirlos lograremos ser más ecuánimes y conservar todos los distintos aspectos que conforman nuestra historia, cultura e identidad.
martes, 6 de julio de 2010
España - Alemania

Nada nos produce tanta satisfacción como el éxito. Triunfar eleva nuestra autoestima y nos posiciona en un estatus de reconocimiento por parte del resto. Es realmente una sensación maravillosa...
Por contra perder, es una sensación menos placentera. Significa que hay alguien que es mejor que nosotros y, aunque seamos tremendamente buenos en lo que hacemos, no somos capaces de sentirlo.
Siempre, a pesar de haber ganado mucho (o poco), llega el día en que se pierde (o se gana). Ese día no puede uno permitirse la desdicha (o el lujo) de hundirse (o de hundirse y digo bien) por un fracaso (o por un éxito).
En nuestros quehaceres siempre habrá alguien mejor (y peor) que nosotros (y si no lo hay lo habrá). Únanse al dicho que todo español alguna vez ha pronunciado: “Jugamos como nunca y perdimos como siempre” (!Pero quede claro que jugamos como nunca¡). Si uno no desea volver la vista atrás y consolarse, sólo nos pese ser peores hoy de lo que fuimos ayer. ¿Quien de ustedes no desearía ser más rico o vivir más placenteramente aunque hubiese otros que en sus nuevas circunstancias viviesen aun mejor que usted?
Siempre hacia adelante y de menos a más. ¡Mucha suerte!
sábado, 12 de junio de 2010
La verdad no (siempre) es lo que pienso, es lo que está ahí afuera

Volviendo a Russell, una de mis opciones más recurrentes; recuerdo la primera vez que leí su obra “Por qué no soy cristiano” (Y a la que algún que otro lustro después continúan saliéndole réplicas como “Por qué soy cristiano” de Cesar Vidal). En ella, el filósofo, nos propone una serie de razones por las cuales descolgarse de la creencia religiosa en general (no sólo de la cristiana). Si entre alguno de ustedes, hubiera alguien creyente apreciará, mucho más claramente sin duda, que negar la existencia de Dios genera cierta dosis de agitación moral. Si alguien afirmara que lo que creo es mentira, que es algo incierto e infundado, si fuese capaz de hacerlo creer verdaderamente a una sociedad de personas que abrazasen esa creencia, sería una situación caótica.
Sin embargo, solamente lo creería así si pensase que, en el supuesto de que aquello en lo que creo es mentira, entonces todo vale. Discúlpenme que se lo diga, pero eso es extremismo. Todo es útil para demostrar que la verdad que yo poseo es la auténtica puesto que si no lo fuera, igualmente, todo sería caótico. Si no estás conmigo, entonces estás contra mí. Fuera de la moralidad en la que yo creo, solo existe inmoralidad o amoralidad. Y un largo etcétera prosigue esta espiral de pensamiento...
No digo que todos los valores que promueven las grandes ideologías estén carentes de fundamento alguno; pero sí opino que su fundamento es bien distinto al que se les pretende otorgar. La “bondad” es “buena”, pero creer que esa “bondad” procede de mi forma de ver las cosas es algo “dañino”. La historia nos ha demostrado que existe, en ocasiones, una tremenda diferencia entre lo que “soy” y lo que “creo ser”. Por esto, las repercusiones de nuestras creencias hemos de buscarlas en el mundo “real” por si acaso nos despertásemos un día de golpe, de un horrible sueño y descubriésemos que, cegados, hemos cometido un crimen terrible en nombre de la “bondad”.
Si (siendo el caso) un día llegase a demostrarse que Dios no existe, no creo quienes son religiosos renunciaran (ni debieran renunciar) a todo cuanto creen. Que realmente de la “virtud” tornarían al “caos” y a la “maldad”. Quizás, contrariamente, solo significase que entonces debieran de admitir que creyendo hacer el “bien” han obrado en ocasiones “mal”. Yo creo que por contra descubrirían asombrados cuan frágil y susceptible es nuestra naturaleza (mucho más de lo que ellos un día imaginaron) y cuán necesitados estamos de verdaderas tolerancia, respeto mutuo y bondad.
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